A mí sí me emociona imaginar una Tula con más oportunidades. Una ciudad donde nuestros hijos puedan construir su futuro, emprender tenga mejores condiciones y recibir visitantes abra puertas para muchos. Quiero pensar que vienen buenos tiempos, pero también quiero que sepamos aprovecharlos. Porque ganas de crecer tenemos; ahora toca ponerles dirección, responsabilidad y mucho amor por esta tierra.

La noticia de la demolición de la antigua estación ferroviaria de El Llano como parte de las intervenciones para el Tren México-Querétaro, mueve algo más que escombros. Nos pone frente a un cambio que merece conversación. Una estación guarda historias, despedidas y expectativas, incluso cuando lleva años deteriorándose. Por eso, ante su transformación, vale la pena preguntar cómo vamos a conservar su memoria y qué queremos construir alrededor de lo que viene.

Yo me niego a escoger entre sentirme orgullosa de nuestras raíces y emocionarme por el futuro. Quiero ambas cosas. Quiero una Tula que cuide su patrimonio, sus tradiciones y las historias de su gente, mientras se prepara para nuevas formas de trabajar, viajar y convivir. Documentar la estación, recuperar fotografías y escuchar a quienes la conocieron serían maneras de acompañar este cambio. La memoria también necesita espacio en los proyectos.

Y sí, hablemos de crecer, pero con los pies bien puestos en esta tierra tolteca. Una estación nueva necesita calles que funcionen, servicios suficientes, seguridad, accesibilidad y cuidado ambiental. También necesita que los vecinos sepan qué ocurrirá en su comunidad y puedan ser escuchados. La emoción por el tren debe venir acompañada de preguntas claras. Pedir planeación es una forma de cuidar una oportunidad que nos importa.

Me entusiasma pensar en las comerciantes, las emprendedoras, los artesanos y los jóvenes que podrían encontrar nuevas posibilidades con una mejor conexión. Ahí quisiera ver el crecimiento: en negocios locales con más clientes, en visitantes que se queden a conocer Tula y en familias con mejores opciones. Para lograrlo habrá que prepararnos, capacitarnos y abrir espacios. El beneficio para nuestra gente merece tanta atención como la obra misma.

Así que sí: que venga lo bueno para Tula. Yo quiero recibir esta etapa con curiosidad, esperanza y la voz bien puesta para señalar lo que haga falta. Tenemos una identidad de la cual sentirnos orgullosas y mucho por aportar a lo que sigue. El futuro me ilusiona; construirlo con responsabilidad me parece la mejor manera de honrar de dónde venimos.