Hay noticias que deberían detenernos el dedo cuando estamos a punto de seguir deslizando la pantalla. La búsqueda de una persona es una de ellas. Detrás de unas iniciales hay una vida, personas que la quieren y una ausencia que cambia todo. A mí me cuesta aceptar que algo así pueda perderse entre publicaciones como si fuera cualquier cosa. Si alguien falta, nuestra atención puede ser el principio de una ayuda.
El reporte difundido sobre la búsqueda de un adolescente identificado como A.D.P.H. en el río Tula, a la altura de Tasquillo, nos recuerda esa responsabilidad compartida. La información señala que la Comisión de Búsqueda de Personas del Estado de Hidalgo realizó acciones junto con la Comisión Nacional de Búsqueda. Frente a una noticia así, quisiera que nos preguntáramos qué podemos aportar, desde nuestro lugar, para acompañar el esfuerzo de encontrarlo.
Estoy convencida de que podemos hacer equipo. Autoridades, medios, vecinos, comercios y comunidades tenemos distintas maneras de colaborar. Las instituciones deben cumplir con su responsabilidad de buscar; nosotros podemos ayudar a que la información verificada llegue más lejos y a que un dato útil encuentre el canal correcto. Nadie tendría que vivir la angustia de una desaparición sintiendo, además, que a su alrededor reina la indiferencia.
Ayudar también exige cuidado. Antes de compartir una ficha, revisemos que sea oficial y esté vigente; si conocemos algún dato, hagámoslo llegar directamente a las autoridades responsables. Evitemos los rumores, los señalamientos y la exposición de información privada de la familia. Y en lugares de riesgo, como un río, sumarse significa coordinarse con los equipos de búsqueda y seguir sus indicaciones. La solidaridad necesita cabeza y corazón.
Como mujer de esta tierra, quiero una comunidad que se tome en serio cada ausencia, sin exigirle a una familia que primero haga viral su dolor. Podemos ofrecer escucha, apoyo práctico y difusión responsable, respetando lo que sus integrantes necesiten y decidan compartir. También podemos dejar de hacer preguntas que juzgan y empezar a hacer una que sí sirve: “¿Cómo puedo ayudar?”. A veces, el trabajo en equipo comienza justo ahí.
Que nadie se quede inmóvil ante una persona desaparecida. Habrá quien pueda aportar información, quien ayude a difundir y quien acompañe a la familia; cada acción responsable cuenta. En Tula y en toda nuestra región necesitamos que la empatía se convierta en hechos y que las búsquedas reciban atención sostenida. Cuando alguien falta, encontrarle debe importarnos a todos.













