Mientras algunos solo se quejan del mosquito, hay quienes se pusieron a diseñar la
solución. Estudiantes de Mantenimiento Industrial de la Universidad Tecnológica Tula-
Tepeji, entre ellos Danely Arlett Gamiño Sánchez, junto con André Tadeo Vega y Juan
Manuel Castillo, crearon una ventana mosquitera electrificada para comunidades cercanas a
la presa Endhó. Funciona con apenas cinco volts, cuesta entre 1,500 y 2,000 pesos y el
equipo analiza ponerle un panel solar. No promete acabar con la plaga, pero sí permitir que
las familias abran sus ventanas y respiren. Es el tipo de ciencia que se entiende desde el
primer día.
Mi apunte tolteca: “tolteca” evoca al artífice, al que crea con las manos y con la mente.
Aquella Tollan fue ciudad de constructores, artistas y sabios, y hoy sus herederas llevan
bata, calculadora, laptop y multímetro. Inventar es la forma moderna de ser tolteca: mirar
un problema real, entenderlo y fabricar una respuesta.
Y Tula tiene con qué. Es un semillero de talento: en la UTTT, cerca de la mitad de la
matrícula son mujeres, con un 48%. Ya en 2017 la universidad fue sede de la Primera
Semana Estatal Femenil de Ciencia y Tecnología, con concursos de carteles, prototipos y
divulgación científica para estudiantes. Y en el Valle del Mezquital, el ITSOEH suma otra
casa de estudios que forma ingenieras e ingenieros para la región.
Aquí hay un reto bonito: romper el estereotipo de que la ingeniería, la tecnología y la
ciencia “son cosa de hombres”. No lo son, y cada alumna que presenta un prototipo lo
demuestra.
Y los problemas sobran para ponerlas a prueba: mosquitos, residuos, calidad del agua, riego
eficiente en el campo, energía solar, sensores para vigilar el río, drones para el cultivo, apps
para el transporte seguro. Si la universidad, el gobierno y las empresas trabajan juntos, esas
ideas pueden pasar del prototipo a la solución real y generar empleo local.
La mirada hacia adelante es brillante: un Tula donde las ingenieras, científicas y
programadoras sean tan visibles como las campeonas deportivas, y donde los grandes retos
de la región se resuelvan con talento de casa. Si ya hay jóvenes inventando soluciones,
¿cómo podemos ayudar para que más niñas se atrevan a soñar?








