Cuando se habla de Tula, siempre sale la zona arqueológica, pero casi nadie recuerda que bajo nuestros pies hay una potencia agrícola. El Distrito de Riego 003 Tula es uno de los más grandes en su tipo a nivel mundial, y es el motor agrícola y el principal productor de granos del estado de Hidalgo. Miles de familias viven del surco, la cosecha y el ganado. Ellas son la base de nuestra mesa y de nuestra economía.
Mi apunte tolteca es sencillo: somos gente de maíz. Para los pueblos de esta tierra, sembrar fue siempre un acto de inteligencia y de fe, observar el cielo, entender el agua, esperar el momento justo. Y esa inteligencia hoy tiene aliados nuevos. Lo que antes se decidía mirando las nubes, ahora también se puede decidir con datos, sensores y tecnología, sin perder el saber de los abuelos.
Y la noticia es buena: el campo de la región entró a un programa de modernización. El Programa Nacional de Tecnificación de Riego contempla una inversión de 12 mil 500 millones de pesos en seis años, con obras en el Valle del Mezquital para entregar parcelas niveladas y tecnificadas que permitan un uso eficiente del agua e incluso regresar a cultivos de mayor valor. Esa es la base. Encima de ella pueden llegar los drones, que según expertos ayudan a monitorear cultivos, optimizar procesos y tomar mejores decisiones. Menos desperdicio, más rendimiento y mejor ingreso para quien trabaja la tierra.
Pero la tecnología sin gente preparada se queda en foto. Por eso la nueva era del campo necesita capacitación para las y los productores, jóvenes agrónomos regresando a su tierra, mujeres rurales al frente de proyectos, cooperativas que compren juntas y vendan mejor, y alianzas con las universidades de la región. Modernizar no es dejar atrás a las familias del campo: es ponerlas en el centro, con herramientas para competir y orgullo para seguir sembrando.
La mirada hacia adelante es luminosa: un campo de Tula tecnificado, con agua bien aprovechada, producción más limpia y mejores precios, significa que los hijos de los campesinos podrían querer quedarse, y que lo que se cosecha aquí llegue con valor a más mercados. Eso es arraigo, empleo y futuro, justo lo que una región necesita para crecer con los pies en la tierra.
Así que toca decirlo con ganas: que comience la nueva era del campo en la región de Tula. Si la tierra nos ha dado de comer por siglos, ¿no es hora de darle al campo y a sus familias la tecnología y el respeto que se merecen?












