Durante años, hablar de Cruz Azul fue hablar casi exclusivamente de cemento, empleos, inversiones y conflictos internos. Hoy el escenario comienza a ser distinto. La cooperativa está entrando en una etapa de reactivación que ya se refleja en proyectos de gran escala: inversiones cercanas a 6 mil 500 millones de pesos, una nueva línea de producción valuada en alrededor de 3 mil 700 millones, trabajos de renovación por aproximadamente mil 800 millones de pesos, además de un hospital cuya inversión supera los mil millones de pesos. Todo esto ocurre alrededor de una planta que mantiene una capacidad productiva cercana a los 3 millones de toneladas y que sostiene, directa e indirectamente, miles de empleos en la región.

Eso importa porque Cruz Azul sigue siendo uno de los motores económicos más poderosos de Tula y de toda su zona de influencia. Cuando la cooperativa compra, construye, contrata y produce, el dinero se mueve en transporte, comercio, servicios, hospedaje, alimentos y proveeduría. La recuperación industrial que estamos viendo tiene la posibilidad de volver a colocar a Ciudad Cooperativa como uno de los centros económicos más dinámicos del sur de Hidalgo.

Pero hay otra recuperación que puede ser incluso más importante para quienes viven ahí: la recuperación de la comunidad.

Viene nuevamente toda la fuerza de lo social. La reactivación del Auditorio del Cooperativismo, los encuentros deportivos, conferencias, verbenas, posadas, actividades culturales y eventos comunitarios pueden devolver algo que durante mucho tiempo distinguió a Cruz Azul: la capacidad de reunir a la gente alrededor de una identidad común.

Las escuelas también tienen un papel fundamental. Una comunidad no se construye únicamente alrededor de una fábrica. Se construye alrededor de sus niños, de sus familias, de sus espacios deportivos, de sus festividades y de las actividades que permiten que distintas generaciones convivan. Si Cruz Azul logra nuevamente articular esa vida alrededor de sus instituciones educativas, deportivas y culturales, estaremos hablando de una recuperación mucho más profunda que cualquier incremento en producción.

En ese terreno también debe reconocerse el trabajo de Las CruzHada, que han mantenido una importante labor social y comunitaria. Ese tipo de organizaciones representan una parte esencial del espíritu cooperativista: acompañar, ayudar y fortalecer los vínculos entre las familias. Porque una cooperativa no debería medirse solamente por toneladas producidas o millones invertidos, sino también por su capacidad para mejorar la vida cotidiana de quienes forman parte de ella.

Cruz Azul está recuperando músculo financiero e industrial, y eso es una excelente noticia para la región. Pero si al mismo tiempo recupera sus eventos, sus espacios de convivencia, su deporte, su cultura, sus escuelas y su sentido de comunidad, el impacto será mucho mayor.

No todo es dinero. Una empresa puede generar riqueza, pero una comunidad fuerte genera pertenencia. Y si Cruz Azul consigue recuperar ambas cosas al mismo tiempo, estará recuperando algo todavía más valioso: su esencia cooperativista.