El Tren México–Querétaro todavía no transporta pasajeros, pero su impacto económico ya comienza a sentirse en Tula. La construcción o modificación de la estación en El Llano no representa únicamente una nueva alternativa de transporte: puede modificar durante los próximos años la forma en que se mueve, crece, comercia e invierte en toda la región.
Tula quedará conectada directamente con la Ciudad de México y Querétaro mediante uno de los proyectos ferroviarios más importantes del centro del país. El corredor tendrá alrededor de 226 kilómetros y permitirá integrar a la región con dos enormes polos económicos. Para una ciudad históricamente industrial y estratégicamente ubicada, tener una estación ferroviaria de esta magnitud puede convertirse en una ventaja que pocas ciudades de Hidalgo tendrán.
Pero el verdadero efecto Tren estará fuera de los vagones.
La estación puede detonar nuevas necesidades de transporte local, estacionamientos, restaurantes, hoteles, vivienda, oficinas, comercios y servicios. También puede cambiar el interés inmobiliario en terrenos ubicados alrededor de la terminal y de las principales vialidades que conectarán con ella. Lo que hoy parece periferia podría convertirse en una nueva zona estratégica de Tula.
El fenómeno ocurre además en un momento particularmente importante. Tula, Tepeji del Río y Atotonilco de Tula sumaban más de 268 mil habitantes desde el Censo 2020, conformando un mercado regional considerable que continúa expandiéndose. A esto se agregan miles de personas que diariamente llegan a la zona por razones industriales, comerciales, educativas y laborales.
La transformación tampoco llegará sola. Al mismo tiempo que avanza el tren, la región registra miles de millones de pesos en inversiones industriales, energéticas, comerciales y de infraestructura. Cruz Azul desarrolla proyectos por 6 mil 500 millones de pesos; existen nuevas obras relacionadas con el saneamiento del Río Tula y sus colectores; la infraestructura energética recibe nuevas inversiones y comienza a observarse una mayor expansión comercial.
Todo está ocurriendo al mismo tiempo.
Eso es precisamente lo que vuelve diferente este momento. El tren no está llegando al mismo Tula de hace diez años. Está llegando a una región que comienza a concentrar inversión, infraestructura, industria y nuevos proyectos.
El desafío será aprovecharlo. Porque una estación por sí sola no transforma una ciudad. Será necesario mejorar vialidades, transporte público, servicios, imagen urbana, seguridad y planeación territorial para evitar que el crecimiento termine convertido en tráfico, desorden y especulación inmobiliaria.
Tula ha tenido durante décadas una enorme ventaja geográfica. Ahora puede agregar algo todavía más importante: conectividad ferroviaria directa con el Valle de México y el Bajío.
Por eso quizá el mayor cambio no ocurra cuando salga el primer tren.
Puede estar ocurriendo ahora mismo, mientras alrededor de las vías comienza a construirse una nueva Tula.













