Acerca del periodismo, hoy

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La humanidad corre peligro.

Hoy, como nunca antes en la historia de las sociedades, todos enfrentamos día a día a la muerte.

Que si los venenos que han contaminado suelo, agua y aire, que si los incendios inminentes en la época de estío, que si la sequía, que si las inundaciones, que si las sustancias envenenantes del cuerpo -todas las drogas de todas las formas posibles.

Que si las armas, que si los locos armados, que si los delincuentes, que si los grupos criminales, que si los terroristas, que si los separatistas, conservaduristas o vanguardistas.

En fin, prácticamente hoy todo representa un riesgo.

Hasta el periodismo, que un día sirvió para dar libertades, hoy debe asumirse un trabajo condenado a morir. No en sí mismo, sino quienes morimos a diario en su práctica, en su ejercicio.

El espíritu de la actividad periodística es informar, investigar los hechos para compartir información amplia, recabar opiniones sobre los hechos, analizar la realidad y orientar a la opinión pública respecto de los hechos.

Como todo, la internet y particularmente las redes sociales, han convertido la cotidianidad en un escenario falso en el que se presenta la vida como si fuera fácil vivirla.

Tampoco es que sea una tragedia vivir a diario; pero hemos perdido la perspectiva.

Olvidamos que ni todo es absolutamente bueno, ni todo es absolutamente malo (aunque esto último parecen querer hacernos creer las redes sociales con el exceso de sangre).

La transmisión en vivo desde el lugar de los hechos, la descripción objetiva de lo que ocurre, los pormenores de los actores involucrados en los eventos, la visión de los posibles escenarios y tendencias, son algunos de los aspectos relevantes del verdadero quehacer periodístico.

Pero son solo instrumentos. Medios, no fines.

Retratar la tragedia, mostrar el dolor y sacar morbosa raja de la muerte, como formas predominantes de comunicar, está por debajo de la línea que separa la luz de la oscuridad.

Más bien esta forma de transmitir pertenece al mundo de las sombras, en donde las bajezas del ser humano reposan y se alimentan del odio, del resentimiento, de la ira, del miedo.    

Cosas hay que los improvisados comunicadores están lejos de conocer y respetar: los géneros periodísticos.

La técnica periodística se compone de las dos grandes especies: información y opinión, que precisan de una formación espiritual, racional, intelectual, ética, moral, y técnica.

Ser comunicador -que no necesariamente periodista- demanda un mínimo de equilibrio emocional y buen juicio, sobre los cuales edificar los mensajes que se difunden.

Cualquiera que no tenga este presupuesto, aunque inunde las redes de avisos de cualquier naturaleza, hace comunicación, sí, pero una comunicación sucia, de baja calidad.

Una comunicación hecha para un solo uso, desechable. Y sus consumidores son justamente así, fugaces en su criterio, volátiles.

Hoy encumbran, inflan, endiosan; mañana quieren cobrar venganza, la violencia por la violencia misma, sea en el pensamiento, en la palabra, en la acción agresiva. Como sea, pero que sea.

Y una vez que han consumado su acto irracional de comunicación vana, se pasan a otra cosa con las mismas malas intenciones. El asunto es destruir todo lo que encuentren a su paso.

¿Perecerán los géneros? No. Están hechos para la pervivencia. Solo que hoy enfrentan los peligros de la ignorancia y de la mala fe que, juntas, hacen una mezcla explosiva y venenosa.

En AVSI Comunicación optamos por un periodismo profesional, responsable, edificante, construyente. Gracias por el favor de su lectura y su seguimiento. Continuamos.

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