Tula, la tormenta perfecta

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Una tormenta perfecta es un evento meteorológico potencialmente peligroso, que se hace más grave por una combinación extraña de circunstancias. Suelen ser inusualmente severas, ya que suceden cuando coinciden estos tres factores: aire caliente de un sistema de baja presión, un flujo de aire frío y seco, humedad tropical generada por un huracán.

El término viene, originalmente, del inglés: «a perfect storm». La traducción, sin embargo, no se refiere a que sea un evento meteorológico impoluto, sin fallas. Por el contrario, implica un estado total o absoluto de tormenta, con ventiscas poderosas y precipitaciones aplastantes.

El término «una tormenta perfecta» se utiliza para describir una confluencia fortuita de eventos que resulta en algo asombroso y, a menudo, catastrófico. Considerado por sí solo, cada uno de los eventos no es muy notable, pero cuando se combinan los eventos, los resultados pueden ser formidables. El término se usa literalmente, para referirse a eventos en curso, e hipotéticamente, para hablar sobre posibles escenarios de desastre.

El uso de este término no se restringe al campo de la meteorología, aunque el término tiene su origen en los fenómenos meteorológicos. Mucha gente en el campo de la política, por ejemplo, se refiere a una tormenta perfecta de eventos que provoca un resultado inesperado o impactante, como hacen los economistas. Por ejemplo, a veces se decía que las catastróficas sacudidas de los mercados estadounidenses en 2008 fueron causadas por una tormenta perfecta de eventos que se unieron para crear el caos.

Bueno, pues en la población de La Ciudad de Los Atlantes se ha generado una tormenta perfecta. En este fenómeno se han combinado entre los polos de la sociedad y el gobierno los factores de ecología, salud, economía y seguridad que, combinados de la manera como hoy lo están, han generado una serie de riesgos ante los cuales los principales tomadores de decisiones en lo local parecen vivir en un mundo aparte.

Los niveles de contaminación del aire, agua y suelo han alcanzado índices mortales que prácticamente anulan cualquier intento de avance en su combate. Cáncer, insuficiencia renal, afecciones en las vías respiratorias son las principales causas de mortalidad entre la población de Tula.

Las muertes violentas por ataques con arma de fuego, algunos con actos de tortura, los decesos por accidentes vehiculares con presencia de alcohol u otros enervantes, las pérdidas de vidas en hechos fortuitos sin sustancias, tienen su capítulo aparte dentro de esta tormenta perfecta.  

Poco a poco, la economía local se ha ido reactivando, tras el grave desequilibrio que le provocaron la pandemia de COVID-19 y las inundaciones provocadas en septiembre de 2021; sin embargo, no existe esperanza de que los hombres y las mujeres que son trabajadores, emprendedores y empresarios reciban algún apoyo para fortalecer sus ingresos.

Por el contrario, todos parejos debemos cumplir con las responsabilidades que impone el sistema gubernamental mediante el Servicio de Administración Tributaria (SAT) y que en este abril tiene la forma de declaración anual.  

En la sombra crece la economía paralela e informal donde los ingresos familiares siguen teniendo como fuentes principales, junto a los salarios y las ventas, los recursos procedentes de las remesas de dólares, el mercado de las drogas, la extracción y venta de hidrocarburo de procedencia ilícita, el tráfico de materiales piezas -principalmente cables-, automóviles y aparatos robados.

Es evidente que el boom del crimen en Tula, fenómeno que ya cumplió sus primeros diez años, ha crecido con el abono del asalto, robo, secuestro, extorsión, hasta el tráfico de personas y otros delitos comunes o del orden federal.

En la tormenta perfecta de Tula, el gobierno municipal juega un papel importante, desde luego. Como ningún otro de sus antecesores, el principal inquilino de Palacio Municipal, Manuel Hernández Badillo, ha tenido que sortear toda clase de embates desde las venas de la administración, en donde más de un subordinado ha hecho de las suyas, hasta las expresiones sociales más radicales.

Sorprendentemente, al alcalde de extracción perredista se le han alineado los astros y hasta ahora ha librado más o menos con suficiencia los escollos.     

El actual presidente municipal de Tula, quien está a la espera de la validación de sus comprobaciones y del cumplimiento de observaciones del ejercicio 2022 por parte de la Auditoría Superior del Estado, no solo ha movido los hilos para cabildear a los del cabildo y sacar adelante sus iniciativas, sino que ha caído de pie en cada tropiezo, lo mismo del fuego cruzado entre grupos violentos que de las movilizaciones sociales de inconformidad o de las campañas mediáticas.

Suerte, coincidencia, oficio político, astucia o experiencia, lo que sea, Manuel Hernández Badillo cuenta con una estructura de operación que le representa una amplia base social de defensa, con la que no solo ha podido pactar su permanencia, sino aspirar a una candidatura para el Senado de la República, como lo ha dicho públicamente.

Frente al gobierno local se mueve la población entera, la fija y la flotante, sorteando peligros. Las organizaciones de la sociedad civil han cobrado en ese contexto la máxima importancia de toda su historia, impulsadas por la figura del único perfil ciudadano que se mueve para ganar las elecciones y convertirse en el siguiente presidente municipal de Tula: Noe Paredes Meza.

Los políticos y representantes populares hacen muy poco para ganar la atención y la confianza de la gente. En el panorama de las próximas elecciones se está fraguando un hecho inédito, pero muy, muy posible: si las aspiraciones del diputado federal Cuauhtémoc Ochoa y del diputado local Octavio Magaña no se concretan, si no alcanzan a ser postulados por su Partido Verde el uno hacia el senado y el otro hacia la alcaldía de Tula, ambos volverán a aparecer en la boleta para repetir en sus actuales cargos y conservar las posiciones en el congreso federal y en el congreso del estado.

El gobierno federal y el gobierno del estado transitan bien, en sus propios carriles, en los espacios del municipio, en medio de una sospechosa e intermitente calma tras la cual se teje el proceso de sucesión en 2024.

Las elecciones presidenciales, apresuradas como tema de comunicación por el ejecutivo federal para garantizar el éxito en la maniobra sin raspones por los resultados gubernamentales ha beneficiado al presidente de Tula, pues hoy la gente ya está metida en el análisis de los prospectos y de las posibilidades de los aspirantes, y han dejado un poco en paz las imperfecciones de la administración local.    

Es la primavera de 2023 y es Tula, la tormenta perfecta.

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