La buena relación entre Hidalgo y el Gobierno Federal es evidente. Más allá de coincidencias partidistas, uno de los aciertos políticos de Julio Menchaca ha sido mantener una relación cercana, institucional y de entendimiento con la presidenta Claudia Sheinbaum. Existe comunicación, coordinación y, a juzgar por el trato público entre ambos, una relación de confianza.
Eso podría quedarse simplemente en el terreno político o incluso personal. Lo verdaderamente importante es que esa relación comienza a traducirse en resultados concretos para Hidalgo.
Ahí están proyectos como el Tren México-Pachuca, el Plan Hídrico del Valle del Mezquital y los Polos de Bienestar. A ello se suman los anuncios realizados durante la conferencia presidencial: más de 10 mil 100 millones de pesos para el Polo de Bienestar de Zapotlán y otros 6 mil 500 millones para la reactivación de la planta de Cruz Azul en Hidalgo.
Las cifras expuestas por Menchaca también llaman la atención: 130 proyectos que representan 147 mil millones de pesos de inversión durante su administración, además de una expectativa de 191 mil empleos. El próximo lunes, adelantó, llegará un noveno anuncio de inversiones.
Son buenas noticias y hay que reconocerlas como tales.
Pero este episodio deja además una enseñanza que puede trasladarse a otros niveles de la vida pública y empresarial: las buenas relaciones importan.
No significa someterse, guardar silencio ante las diferencias o estar de acuerdo en todo. Significa tener capacidad para dialogar, construir acuerdos, abrir puertas y entender que muchas veces se consigue más mediante la comunicación que a través de enfrentamientos permanentes.
Esto debería comprenderse también en los niveles más cercanos: en los cabildos, entre presidentes municipales y sus asambleas, entre municipios y el gobierno estatal, entre empresarios y autoridades, e incluso entre las propias empresas de una región.
Cuando las diferencias personales dominan las decisiones institucionales, normalmente alguien pierde. Y casi siempre termina perdiendo también la comunidad.
En cambio, cuando existen comunicación, respeto y objetivos compartidos, pueden construirse condiciones para que ganen todos: el sector público, la iniciativa privada y, principalmente, la población.
Hidalgo tiene hoy un buen ejemplo. La cercanía entre Menchaca y Sheinbaum podrá tener una dimensión política y personal, pero lo verdaderamente relevante es otra cosa: si esa buena relación continúa convirtiéndose en inversión, infraestructura, empleos y desarrollo, quien termina ganando es Hidalgo.
Y de eso se trata la buena política: no solamente de llevarse bien, sino de conseguir que los acuerdos produzcan resultados.













