Hay noticias que se sienten como brisa fresca, y esta es una. El saneamiento del río Tula avanza: según Conagua, se pasó de un río tratado en un 30% a uno tratado en un 70%. Los colectores van captando las descargas de las casas para enviarlas a la planta de la CFE, donde se tratan y se reutilizan en procesos industriales, y la primera etapa del proyecto en Tula reportaba en julio un 62% de avance. Además, las jornadas de limpieza ya dan resultados: en una sola en el río Rosas se recogieron seis toneladas de residuos sólidos.
Aquí va mi apunte tolteca: el agua es espejo. Lo que le hacemos al río nos lo estamos haciendo a nosotros. El guerrero cuida lo que le da vida, y un río limpio no llega por milagro, llega por la suma de decisiones chiquitas y constantes, de las instituciones y también de la gente.
Ahora cierra los ojos e imagina el Tula del futuro. Primero, caminarías por la ribera sin taparte la nariz, con árboles, sombra y gente paseando. Segundo, con menos aguas negras habría menos criaderos para plagas como el mosquito que hoy interrumpe las clases de nuestros estudiantes. Tercero, el agua tratada se reutilizaría en la industria y ya no se gastaría agua limpia donde no hace falta. Cuarto, el campo regaría con agua más sana y los alimentos de la región tendrían mejor reputación. Quinto, la Ciudad Tolteca sería también una ciudad de río bonito, con turismo, deporte y orgullo local. Y sexto, las niñas y niños crecerían viendo el río como un lugar para vivir, no para evitar.
¿Y cómo se llega? Primero, terminando los colectores y las obras a tiempo, con información clara para la gente. Segundo, sosteniendo las jornadas de limpieza todo el año, no solo cuando hay foto. Tercero, sumando a escuelas, universidades, empresas y familias, porque en la limpieza del río ya participan instituciones y empresas de la región. Y cuarto, cerrando el grifo desde casa: ni basura ni aceite ni desechos al drenaje.
La mirada hacia adelante es retadora pero muy bonita: estamos viendo cómo se pasa de la queja a la acción. Si cuidamos este avance, nuestras hijas y nietos no se acordarán del río como un problema, sino como el lugar donde aprendieron a andar en bici, a pescar la tarde o a conversar con su abuela.Si el río ya empezó a limpiarse, ¿qué parte de la limpieza te toca hacer a ti?












