Tula está a punto de recibir cambios grandes: el saneamiento del río, la restauración de la presa Endhó y un plan de economía circular en el polígono donde antes se pensaba construir una refinería. Y no solo llegan obras: llegan oportunidades, empleos, ideas y gente nueva. La pregunta es si estamos listos para recibirlas con la mejor versión de nosotros.

Mi apunte tolteca: el guerrero no le teme a lo nuevo, lo estudia. Y ahí está la primera clave. Una sociedad más preparada académicamente no se deja llevar por el rumor, ni dice “sí” a todo, ni “no” a todo. Lee los proyectos, hace preguntas inteligentes, entiende los datos y propone mejoras. Estudiar no es un lujo: es la manera de pasar de espectadores a protagonistas del progreso.

Y la buena noticia es que ya hay por dónde. Universidades de la región, como la UAEH y la Universidad Tecnológica Tula-Tepeji, aparecen entre quienes se suman a los proyectos. Cada joven que estudia ingeniería, ambiente, salud, derecho, comunicación o educación es una pieza que Tula necesita. Que se queden, que regresen o que aporten desde donde estén: el conocimiento también se comparte.

La segunda clave es algo que ya traemos de fábrica: somos hospitalarios, cálidos y solidarios. Eso no se aprende en un salón, se hereda en la cocina de la abuela y en el vecino que presta la escalera. Cuando llegan visitantes, inversionistas o nuevos vecinos, esa calidez es nuestra mejor carta de presentación. Pero ojo: potenciar quiere decir convertirla en una fuerza organizada, que sepa recibir, orientar y también cuidar los límites de la comunidad.

Mezcla las dos cosas y sale la fórmula: cabeza preparada y corazón abierto. Con esa combinación, Tula puede mirar cada proyecto con ojos positivos, sin ingenuidad: exigir transparencia, participar en las consultas, dar seguimiento a los compromisos y, cuando algo salga bien, reconocerlo y cuidarlo. La actitud positiva no es callar, es construir.

La mirada hacia adelante es luminosa: una ciudad que estudia, que acoge y que participa es una ciudad que no depende de que alguien más decida su destino. Si Tula ya demostró que sabe abrir las puertas, ¿qué tal si ahora también aprendemos a sentarnos todos a la mesa donde se decide el futuro?