Durante décadas, cuando se hablaba de la región Tula, la conversación giraba casi exclusivamente alrededor de la industria, la energía y la infraestructura. Sin embargo, esa visión ya no refleja todo su potencial. Hoy existe una oportunidad histórica para que esta zona construya un nuevo motor económico basado en el turismo sustentable, la cultura, la gastronomía y el patrimonio.
No hablamos únicamente de Tula de Allende. Hablamos de una región integrada por Tepeji del Río de Ocampo, Atitalaquia, Atotonilco de Tula, Tlaxcoapan, Tlahuelilpan, Tepetitlán, Tezontepec de Aldama, Tetepango y Ajacuba, municipios que, aunque conservan identidades propias, comparten historia, tradiciones, conectividad y un enorme potencial para consolidarse como un solo destino turístico.
La publicación del Decálogo para la Inversión Turística Sustentable, impulsado por la Secretaría de Turismo y la Secretaría de Medio Ambiente, ofrece una guía que parece diseñada para una región como la nuestra. El documento propone que el crecimiento turístico debe construirse respetando el medio ambiente, fortaleciendo a las comunidades y generando bienestar económico para la población local. Más que atraer visitantes, plantea desarrollar destinos sostenibles capaces de conservar aquello que los hace únicos.
Y pocas regiones reúnen tantas fortalezas como la región Tula.
Aquí se encuentra la Zona Arqueológica de Tula, uno de los sitios prehispánicos más importantes de México y hogar de los emblemáticos Atlantes. Pero el patrimonio regional no termina ahí. Tepeji del Río conserva uno de los centros históricos más atractivos de Hidalgo, con edificios virreinales y una tradición cultural profundamente arraigada. Ajacuba ofrece balnearios de aguas termales ampliamente reconocidos. Tepetitlán mantiene vivas tradiciones gastronómicas y religiosas que forman parte de la identidad hidalguense. Tezontepec de Aldama conserva una fuerte vocación agrícola y una cocina tradicional que atrae visitantes durante todo el año. Tlaxcoapan, Tlahuelilpan, Tetepango, Atotonilco de Tula y Atitalaquia poseen festividades, iglesias, gastronomía, paisajes rurales y una riqueza cultural que pocas veces se promociona de manera conjunta.
A ello se suma una ventaja competitiva excepcional: la ubicación geográfica. La región se localiza en el corazón del corredor económico del centro del país y a menos de dos horas de una Megalópolis con más de 30 millones de habitantes. Con la futura llegada del Tren México–Querétaro, Tula dejará de ser únicamente un punto de paso para convertirse en una puerta de entrada a una región completa, siempre y cuando exista una estrategia para aprovechar esa conectividad.
La pregunta es inevitable: ¿qué busca hoy el turista?
Las tendencias internacionales muestran que el visitante moderno ya no quiere únicamente tomarse una fotografía frente a un monumento. Busca vivir experiencias. Quiere conocer la historia contada por la gente local, probar la gastronomía tradicional, recorrer mercados, caminar por senderos naturales, visitar talleres artesanales, participar en festividades y descubrir lugares auténticos.
La región Tula puede ofrecer todo eso.
Imagine un circuito turístico donde una familia desayune barbacoa en Tezontepec de Aldama, recorra la Zona Arqueológica de Tula, visite artesanos en Tula de Allende, disfrute una comida tradicional en Tepetitlán, pase la tarde en un balneario de Ajacuba, termine el día en el centro histórico de Tepeji del Río y al día siguiente recorra iglesias coloniales, presas, senderos naturales y comunidades rurales en Atotonilco, Tlaxcoapan, Tetepango, Tlahuelilpan y Atitalaquia.
Ese producto turístico ya existe. Lo que falta es integrarlo.
Precisamente ahí radica uno de los principios del Decálogo para la Inversión Turística Sustentable: construir destinos con visión regional y no proyectos aislados. Ningún municipio necesita competir con el vecino; por el contrario, todos pueden complementarse. Un visitante que permanece tres días en la región genera una derrama económica muy superior a quien únicamente permanece un par de horas.
La estrategia también debe colocar en el centro a las personas. El turismo funciona cuando beneficia a quienes viven en el territorio. Hoteles familiares, restaurantes, cocineras tradicionales, artesanos, productores de pulque, operadores turísticos, guías certificados y pequeños comercios pueden convertirse en los principales beneficiarios de una política regional bien diseñada.
Otro aspecto fundamental es la sustentabilidad. La región enfrenta retos importantes relacionados con el agua, la calidad del aire y la conservación ambiental. Precisamente por ello, el turismo debe convertirse en un aliado para proteger el patrimonio natural y cultural, no para deteriorarlo. Las inversiones futuras deben privilegiar el uso responsable del agua, la gestión adecuada de residuos, la movilidad sustentable y la conservación de los espacios naturales, tal como propone el Decálogo.
Pero existe un elemento que suele pasar desapercibido y que quizá sea el más valioso de todos: la gente.
La región Tula cuenta con empresarios comprometidos, cocineras tradicionales, artesanos, cronistas, universidades, prestadores de servicios turísticos y servidores públicos que han demostrado capacidad para impulsar proyectos de desarrollo. Esa suma de talento humano representa un activo que no aparece en las estadísticas, pero que puede marcar la diferencia entre un destino exitoso y uno que desaprovecha sus oportunidades.
El futuro turístico de la región no depende únicamente de construir hoteles o atraer inversiones. Depende de crear una identidad compartida.
Así como existen la Riviera Maya, la Huasteca Potosina o los Pueblos Mágicos, la Región Tula puede convertirse en una marca reconocida nacionalmente, asociada con historia, gastronomía, cultura, naturaleza, aguas termales, arqueología, tradiciones e innovación.
La materia prima ya está aquí.
Lo que hace falta es una estrategia regional que una a Tula de Allende, Tepeji del Río de Ocampo, Atitalaquia, Atotonilco de Tula, Tlaxcoapan, Tlahuelilpan, Tepetitlán, Tezontepec de Aldama, Tetepango y Ajacuba bajo un mismo proyecto de desarrollo turístico sustentable.
Porque pocas regiones del país tienen tantos atractivos concentrados en un territorio tan bien comunicado. La oportunidad está frente a nosotros. Aprovecharla dependerá de la capacidad de trabajar juntos y entender que, en turismo, el éxito de un municipio puede convertirse en el éxito de toda la región.













