Tula atraviesa, posiblemente, su etapa más prometedora de los últimos 50 años. No se trata de una frase optimista lanzada al aire, sino de una conclusión que surge al observar la cantidad y dimensión de los proyectos que comienzan a coincidir en nuestra región.

Durante décadas escuchamos diagnósticos sobre la contaminación, el deterioro de la infraestructura, la falta de movilidad, el abandono del río y la necesidad de modernizar la industria. Hubo reuniones, fotografías, anuncios y promesas que pocas veces consiguieron modificar de fondo la realidad regional.

Hoy, finalmente, algunas de esas obras están pasando del discurso a los hechos. La construcción del tren México–Querétaro contempla una estación en Tula y podría transformar nuestra conectividad con la Ciudad de México y el Bajío. No será solamente una nueva alternativa de transporte: puede convertirse en un detonante para la inversión, el comercio, los servicios, la vivienda y el turismo regional.

También se encuentra en desarrollo la nueva Central de Ciclo Combinado Francisco Pérez Ríos, conocida como Tula II, con una capacidad proyectada de 930 megawatts. Esta obra representa una oportunidad para modernizar la generación eléctrica y avanzar en la reconversión energética de una región históricamente asociada con procesos industriales altamente contaminantes.

A ello se suman el crecimiento y la modernización de Cruz Azul, las inversiones privadas que están llegando a la zona, el proyecto de economía circular, la tecnificación del Distrito de Riego 003 y las acciones para el saneamiento del río Tula.

En el ámbito municipal también comienza a percibirse una transformación. La rehabilitación de vialidades, espacios deportivos, accesos, parques y redes de agua y drenaje está modificando gradualmente el entorno urbano de Tula.

Durante muchos años nos acostumbramos a administrar el deterioro. Hoy existe la posibilidad de comenzar a construir una ciudad diferente.

Sin embargo, las grandes inversiones no garantizan por sí mismas el desarrollo. El verdadero reto será conseguir que los beneficios lleguen primero a quienes vivimos en esta región. De poco serviría anunciar inversiones millonarias si los mejores empleos fueran ocupados por personas de otros lugares, si los contratos quedaran fuera de Tula o si las ganancias pasaran por nuestro territorio sin fortalecer la economía local. Por supuesto que hay espacios para perfiles especializados que quizá no se encuentren en la región y eso es entendible, sin embargo la prioridad para que la gente local obtenga oportunidades debería ser hasta un no negociable para líderes de gobierno y del sector privado.

Necesitamos que las empresas de la región se conviertan en proveedoras de estos proyectos; que los trabajadores tulenses reciban capacitación para acceder a empleos especializados; que los comercios locales participen en la derrama económica y que nuestros jóvenes encuentren aquí oportunidades profesionales que durante años tuvieron que buscar fuera.

También debemos prepararnos para los efectos que traerá este crecimiento. Una estación ferroviaria puede atraer inversiones, pero también tráfico, especulación inmobiliaria y presión sobre los servicios públicos. La expansión industrial puede generar empleos, pero también nuevas exigencias ambientales. El crecimiento urbano puede representar prosperidad, pero sin orden también puede producir desigualdad, inseguridad y asentamientos sin infraestructura.

Por eso no basta con celebrar las obras. Es indispensable planear la ciudad que queremos construir alrededor de ellas.Los gobiernos municipales de toda la región tendrán que coordinarse. Tula, Atitalaquia, Atotonilco de Tula, Tepeji del Río, Tlaxcoapan, Tetepango y los municipios vecinos comparten movilidad, industria, agua, contaminación, comercio y empleo. El desarrollo ya no puede pensarse dentro de los límites políticos de cada territorio municipal.

También necesitamos una sociedad participativa y exigente. Los empresarios deben invertir y generar oportunidades; los gobiernos tienen que cumplir, ordenar y garantizar servicios; las instituciones educativas deben preparar a los jóvenes para los nuevos empleos, y los ciudadanos debemos involucrarnos en las decisiones que definirán el futuro regional.

Tula ya pagó durante décadas una parte muy alta del costo ambiental del desarrollo nacional. Ahora merece recibir una proporción igualmente importante de sus beneficios. Estamos frente a una oportunidad que difícilmente volverá a repetirse con esta magnitud. En pocos años podrían coincidir el tren, la modernización energética, el saneamiento del río, la tecnificación del campo, nuevas inversiones industriales y la renovación de la infraestructura urbana.

La oportunidad existe, pero su resultado todavía no está asegurado. La historia no recordará solamente cuánto dinero se invirtió o cuántas obras fueron anunciadas. Juzgará si esas inversiones mejoraron realmente la vida de la población.

Ese es el desafío central de esta nueva etapa: que el desarrollo no solamente pase por Tula, sino que se quede en la región Tula y beneficie primero a su gente.

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Fernando Alfonso
Fernando Alfonso es uno de los periodistas con mayor credibilidad en el panorama informativo y de opinión en el estado de Hidalgo. Dirige AVSI Comunicación, multiplataforma a la que pertenece el Periódico El Origen y la Revista DeFRENTE. Se consolidó como líder de opinión en el Noticiero Radiofónico Enfoque de NRM Comunicaciones, espacio que condujo durante 12 años. Ha colaborado, además, con W radio 96.9 FM, Radio Fórmula 970 AM y 103.3 FM, Editorial Notmusa, Diario Síntesis. Cuenta con estudios de Maestría en Administración de Negocios MBA por la Universidad Latinoamericana, es Licenciado en Periodismo por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Premio México de Periodismo 2010, otorgado por la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos (FAPERMEX)