A todo el Pueblo de Dios que peregrina en la Diócesis de Tula: Presbíteros, Diáconos, Vida Consagrada, Seminaristas, Agentes de Pastoral, Familias, Jóvenes. ¡Paz y alegría en el Señor!

Hoy nuestro corazón se llena de gratitud y de esperanza. Hace 65 años, el 27 de febrero de 1961, por designios de Dios y por medio del Papa San Juan XXIII, nació nuestra amada Diócesis de Tula. Somos fruto de un sueño misionero, de compromiso y cercanía con los más pobres –nuestros hermanos indígenas: ÑHÄÑHU- establecida la cabecera en tierra de Toltecas, tierra poco evangelizada, pero tierra de fe sencilla y profunda. En estos 65 años, el Señor lleno de bondad y misericordia, ha caminado con nosotros y entre nosotros.

  1. Gracias, Señor, por tu presencia entre nosotros en estos 65 años.

Felicito, de corazón, a cada comunidad parroquial, a los fieles que se reúnen en cada Capilla, en cada Barrio, a cada familia de nuestra Diócesis; porque cada sacramento realizado y vivido, cada vocación sacerdotal y religiosa nacida en estas tierras, es un testimonio vivo de que Cristo sigue vivo entre nosotros.

En 65 años hemos crecido: de ser un pequeño rebaño, hoy somos una Iglesia viva, organizada, con rostro propio, con un Plan Diocesano de Pastoral que nos da rumbo e identidad. ¡Felicidades, amada Diócesis de Tula! ¡Dios te siga bendiciendo!

  1. Un reconocimiento a nuestros Pastores y, además. Un agradecimiento a Mons. Jesús Sahagún de la Parra.

No podemos celebrar este aniversario sin volver la mirada, con amor filial y profundo agradecimiento a nuestro Padre y Pastor fundador: Mons. Jesús Sahagún de la Parra, nuestro primer Obispo (1961-1985). Años de gran labor evangelizadora con gran impacto en lo social, que fue transformando poco a poco la realidad de pobreza y marginación del Valle del Mezquital hacia una vida más digna y llena de esperanza.

A él le debemos mucho de lo que ahora somos. Llegó a una tierra sin estructuras, sin seminario, sin curia, con caminos de terracería y mucha miseria. Con su corazón de apóstol y visión de profeta hizo todo, impulsó todo y buscó muchos apoyos para nuestro pueblo. ¡Dios le bendiga siempre y recompense todos sus trabajos! Fue pionero de nuestro caminar, sembrador incansable, constructor no solo de templos, sino de una comunidad viva que continua llevando el anuncio alegre del evangelio a las nuevas generaciones en este cambio de época de la era digital.

Mons. Jesús:

  • Participó en el Concilio Vaticano II y supo traducir en nuestra tierra la renovación de la Iglesia.
  • El gran impulsor del desarrollo humano y social, preocupado por la dignidad de los más pobres: indígenas, campesinos, mineros, obreros, amas de casa…
  • El pastor que nos enseñó a ser Iglesia Diocesana, cercana y misionera.

Gracias, Don Jesús. Su visión pastoral sigue desafiando y marcando nuestro camino. Que su oración constante y permanente siga derramando de bendiciones a esta, su Diócesis, que tanto ama y que tanto le ama. El Señor continua edificando esta Iglesia Particular, con los cimientos que puso, y con los pastores y fieles que siguen peregrinando y evangelizando hasta hoy.

  1. Los retos que el Señor nos pone delante.

65 años no es solo para mirar hacia atrás con nostalgia, también es para mirar adelante con responsabilidad y visión profética. Nuestra Diócesis enfrenta nuevos areópagos y periferias existenciales.

1.- El reto de la comunión en medio de la fragmentación: con familias heridas por la pobreza, la desintegración, la violencia; jóvenes atrapados o amenazados por las adicciones, la delincuencia; los medios de comunicación en la era digital; la polarización social. Necesitamos ser una Iglesia que sane, que mantenga viva la esperanza, que colabore en el fortalecimiento del tejido social. Una Iglesia discípula misionera, de puertas abiertas, en salida, samaritana…

2.- El reto de la secularización y la indiferencia religiosa: porque muchos bautizados viven como si Dios no existiera. El reto no es solo conservar la fe, sino trasmitirla y proponerla de nuevo con alegría para que transforme y renueve.

3.- El reto de la ecología y el cuidado de nuestra casa común: ya que nuestra región del Valle del Mezquital y Tula sufren contaminación de agua, aire,tierra, generando un sin número de enfermedades, y el deterioro del medio ambiente. Ante ello no podemos callar ni permanecer indiferentes.

4.- El reto de las vocaciones y la participación de los laicos: necesitamos con urgencia más y mejores evangelizadores. El sacerdote solo, no puede y además somos muy pocos. Ya el Concilio Vaticano II desde hace años afirmaba: ¡ha llegado la hora de los laicos!  Tenemos la tarea de  formarlos  y acompañarlos  para que asuman su papel protagónico en la Iglesia y en el mundo.

  1. Impulsar nuestro Plan Diocesano de Pastoral a la luz del Sínodo de la Sinodalidad.

El Papa Francisco nos regaló un camino luminoso: el Sínodo sobre la Sinodalidad. La Iglesia no es una pirámide, es Pueblo de Dios donde todos deben caminar juntos. Desde esa luz queremos seguir impulsando los trabajos de evangelización con nuestro VI  Plan Diocesano de Pastoral.

Impulsar el Plan significa hoy:

  1. Caminar juntos: Ya no pastoral de un solo pastor, sino Iglesia sinodal. Donde todos escuchamos, todos discernimos, todos decidimos, todos participamos. Consejos Parroquiales bien formados y comprometidos; Asambleas con la voz y participación de todos los protagonistas: jóvenes, mujeres, adultos mayores. ¡Nadie debe quedar fuera!
  2. Caminar en comunión: pasar del trabajo evangelizador aislado, de parroquias ‘islas’ a una verdadera Iglesia Diocesana en comunión. Que nuestro Plan sea de todos y para todos, superando el clericalismo y los protagonismos.
  3. Caminar para la misión: Una Iglesia ‘en salida’. Que nuestros agentes no esperen, sino que salgan a las ‘periferias existenciales’ y geográficas. Parroquias de ‘puertas abiertas’, no de sacristía cerrada.

Que este 65 Aniversario sea el reinicio de un gran trabajo diocesano sinodal, donde renovemos y relancemos nuestros proyectos diocesanos con el Plan Pastoral en esas tres claves: participación, comunión y misión.

65 años de madurez. Demos gracias a Dios por lo que hemos sido. Pidamos perdón por lo que no hemos sabido ser y hacer. Y renovemos, con valentía y esperanza, nuestro compromiso a lo que estamos llamados a ser: una Iglesia Sinodal, Samaritana, Misionera que llene de esperanza los corazones de los fieles de nuestra amada Diócesis.

Que Santa María de Guadalupe, nuestra madre y San José, patrono de nuestra Diócesis, nos acompañen.

Con mi bendición y gratitud:

Mons. Juan Pedro Juárez Meléndez

IV Obispo de Tula