Creencias limitantes (parte I)

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Por Liz Barrón

Hoy iniciaremos un ejercicio para identificar todas aquellas creencias que hemos adoptado en nuestra vida y que nos han hecho tomar decisiones que, muchas veces, son inconscientes y a las que se les conoce como “Creencias limitantes”.

Las creencias limitantes están conformadas por todo aquello que crees de ti y que te condiciona a ciertas actitudes, comportamientos, pensamientos y decisiones.

Empezaremos con las creencias que, aún antes de nacer, ya empiezan a generar efectos en nuestra personalidad.

Cuando se define nuestro sexo durante el embarazo de nuestra madre, se nos crea un mundo con características específicas tales como el color de ropa que usaremos, el tipo de juguetes específicos, el nombre definido para nuestro sexo, en fin.

Lo que nos empieza a limitar, por ejemplo, ya en nuestra infancia, los juguetes que se nos presentan.

Sabemos que tienen ciertas características, los juguetes del hombre son carros, herramientas, aeronaves, en tanto que los juguetes de las mujeres son muñecas con pañales, cocinitas, carriolas.

Esto nos indica que existe una creencia inicial de los roles que, desde temprana edad, se adquieren simbólicamente y sin darnos cuenta se empieza a implementar una creencia limitante a lo que “debemos ser”.

El color de ropa es una constante en las y los infantes. Generalmente a las mujeres se nos viste de color rosa y a los hombres de color azul, desde ese momento ya le estamos dando un concepto al color y también nos estamos diferenciando y dividiendo entre hombres y mujeres.

Esta división se mantiene de forma inconsciente durante nuestro desarrollo y nos ubica en un lugar específico en donde creemos que los hombres y las mujeres “somos diferentes”, es aquí en donde considero que podría iniciar la desigualdad.

En el sentido emocional, desde esta primera infancia van surgiendo creencias limitantes en donde a la mujer se le asigna, muchas veces, la creencia de ser “débil” y al hombre la creencia de ser “fuerte”.

Lo que genera en ambas partes confusión, ya que la emocionalidad se presenta tanto en hombres como en mujeres, sin diferenciación; sin embargo, se ha impuesto a cada uno una forma diferente de manifestarse, lo que implica para ambas partes una invalidez en el trabajo emocional.

En la siguiente parte, revisaremos con más detalle estas creencias limitantes de la infancia y cómo permutan en nuestras decisiones.

*Lizette Barrón Peña. Licenciada en Psicología. Maestra en Psicología Social. Perito en Psicología Forense. Encargada de la Dirección de Centros de Integración Juvenil Tula.  Especialista en psicoterapia breve, terapia de emergencia, prevención y atención de casos de adicciones.

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