“La verdad se demuestra, no se promete”. Con esa frase en mente, vale la pena analizar con rigor el proyecto del Parque Ecológico y de Reciclaje en Tlaxcoapan, una propuesta que aparece justo cuando Hidalgo enfrenta un problema urgente: más de 1,800 toneladas de basura diarias que terminan, en gran parte, en tiraderos a cielo abierto que dañan suelo, aire y agua. La pregunta real ya no es si necesitamos una solución, sino si esta puede ser la correcta.

Según el gobierno federal, el parque sería un Polo de Economía Circular de alrededor de 700 hectáreas, capaz de procesar mil toneladas de residuos en su primera etapa y beneficiar a cerca de 600 mil habitantes de 14 municipios. El objetivo es cerrar tiraderos, recuperar materiales y procesar orgánicos bajo el enfoque de “Basura Cero”. En el papel, podría significar un avance para una región históricamente saturada por industrias contaminantes.

Sin embargo, la gente de Tlaxcoapan, Atitalaquia y Tula no vive del papel, sino de su experiencia. Y esa experiencia está marcada por obras que prometieron soluciones ambientales y terminaron incompletas, tardías o sin resultados claros. De ahí el temor de que este parque sea otro “basurero disfrazado”, y la desconfianza acumulada que no se borra con discursos ni conferencias.

Las recientes sesiones informativas realizadas con asambleas municipales son un paso necesario, pero insuficiente. Si habrá consulta ciudadana, primero deben existir estudios públicos, información completa, proyecciones técnicas verificables y vigilancia independiente. La región ya no puede aceptar decisiones tomadas en privado ni proyectos que exijan fe ciega.

Como periodista —y como mujer que habita este territorio— creo que ambas posturas pueden coexistir: la urgencia de resolver la crisis de basura y el derecho ciudadano a exigir certezas. La población tiene razones legítimas para pedir respuestas claras, mecanismos de supervisión y garantías ambientales reales. La transparencia no es una concesión; es una obligación.

“La confianza se gana con hechos”. Si el Parque Ecológico y de Reciclaje aspira a ser una oportunidad para transformar residuos en bienestar y no en un nuevo agravio ambiental, deberá demostrarlo desde ahora: con datos abiertos, participación social auténtica y disposición a corregir cada punto que represente un riesgo. Solo así Tlaxcoapan podrá ver este proyecto como una solución, y no como otra promesa incumplida.

*Todos los textos de opinión son responsabilidad del autor; las posturas aquí expresadas son independientes a Periódico El Origen.*

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