Hay que hablar bien de Tula, pero no podemos negar la realidad.

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Han iniciado las actividades comprendidas en las tradicionales fiestas de marzo en Tula.

Las fiestas patronales por San José Obrero se han mezclado con las fiestas cívicas por los aniversarios de la expropiación petrolera (1938) y por el cumpleaños de Benito Juárez (1806) y hasta con los tiempos naturales por la llegada de la primavera con su equinoccio.  

Junto a estas se han acomodado las fiestas populares, un poco de cultura con el festival Toltéquinox, un poco de deporte con el segundo maratón internacional, y un mucho de negocio con los juegos mecánicos, los puestos de la feria, los antojitos y los ríos de alcohol.

El encierro por la pandemia ha quedado en la historia y algunas de las medidas que el miedo al contagio y a la muerte nos había llevado a hacer parte de nuestra vida cotidiana, se han relajado.

Cada vez son menos personas quienes usan el cubrebocas en sitios de reuniones numerosas o masivas, el uso de antibacteriales se ha reducido muchísimo, solo cada persona sabe cada cuando se lava las manos y la sana distancia prácticamente no existe más.

La salida del confinamiento, como suele ocurrir con los seres humanos, hizo que los ánimos se desbordaran y la recuperación de la normalidad trajo varias novedades.

Entre ellas, una exacerbación de los hechos violentos de los que derivan muertes, heridas, lesiones y -otra vez- miedo.  

Tuvimos miedo de la enfermedad y nos encerramos, tuvimos miedo del encierro y salimos a encontrarnos con la inminencia de la muerte a diario y en todas partes; ahora tenemos miedo a la muerte repentina y dolorosa.

Normalizar la violencia, los ataques armados, las muertes de personas, la localización de cadáveres, los incendios por el descontrol en las tomas clandestinas sobre los ductos de combustible de PEMEX, es hoy lo cotidiano y ese es el marco en el que se van a cumplir las actividades de feria programadas.  

Paralelamente, la mezcla de ciertas condiciones como el manejo irresponsable, la falta de pericia, la condiciones climáticas y la aprensión de las personas han disparado escandalosamente el número de accidentes automovilísticos con saldos mortales y cuantiosas pérdidas materiales, en las carreteras de toda clase que atraviesan el centro del país, donde se ubica la región hidalguense de Tula-Tepeji.

El comercio y consumo de alcohol, y de sustancias enervantes que han pasado de lo natural -la marihuana- a lo químicamente extremo -la piedra- ha llevado a la triada de vendedores-compradores-consumidores a disputarse la pequeña plaza de Tula a fuego y sangre, literalmente.

Comenzó, pues, la feria. Una feria atípica sobre la que se ciernen advertencias del clima (mucho sol, fuertes vientos, lluvias), de los malosos (acciones de violencia), de la sociedad (protestas públicas en las calles y en las redes sociales), de las autoridades (se sancionará a quienes infrinjan las leyes), que no deben ser desestimadas de ningún modo.

Sí, hay que hablar bien de Tula, pero no podemos cerrar los ojos a la realidad que nos está carcomiendo.

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