A la chingada lo tóxico

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En los noviazgos o en los matrimonios es frecuente que al menos uno de los dos tenga rasgos de toxicidad: le gusta el conflicto, vive en un problema, atrae los peores momentos y las peores circunstancias. ¿Cuántos tóxicos tiene tu pareja?

En las familias siempre hay un tóxico que arruina el momento, es negativo, navega contra corriente y no se alinea a los objetivos comunes. Parece que le es consigna la destrucción y hacer todo cuanto le sea posible para averiar, desorientar e incluso destruir el barco en el que todos navegan. ¿Quién o quiénes son los tóxicos de tu familia?

En los grupos de compañeros o amigos, siempre hay alguien incómodo que tira mala vibra, no es solidario, no coopera -en ningún sentido, mucho menos con dinero-, es el lleva y trae de la información íntima y delicada que se comparte, casi siempre es negativo y le encanta victimizarse o de plano se ha convertido en un cínico. En un cínico tóxico. ¿Quién o quiénes tienen estas características en tu grupo de compañeros del trabajo o amigos más cercanos?

En las comunidades, siempre hay tóxicos que generalmente son los que incendian las conversaciones en los grupos de Whatsapp porque están en contra de todo y a favor de nada, no controlan la basura (de todo tipo) que en casa producen, son deshonestos e irrespetuosos con sus vecinos. Una de sus principales características es que culpan de todo al gobierno y no se responsabilizan de lo que les corresponde.

En los municipios por supuesto que encontramos individuos tóxicos que afectan el desarrollo de los pueblos, pero ya en este contexto general podemos hablar de grupos tóxicos, que a lo largo de los años se han caracterizado por obstaculizar el progreso y hasta contribuyen que el día a día sea menos cordial. El ego, el protagonismo, el interés de grupo se han antepuesto a los intereses colectivos y, sobre todo, en eso radica su toxicidad.

En los gobiernos abundan los perfiles tóxicos porque en el escenario se privilegian los fines políticos y particulares, de tal modo que las ovejas sanas con cierta intención de progreso, terminan por ser arrolladas por un escandaloso tren impulsado por la ambición, al que terminan subiéndose casi todos los integrantes de un rebaño contagiado por el virus tóxico del que muy pocos se salvan.

Así, en los países y en el mundo, resulta un acto heroico avanzar en un ambiente tóxico, contaminado, difícil de sanear. Pero en el rápido trajín perdemos de vista el poder que tenemos para deshacernos de esa toxicidad casi siempre bien identificada en nuestras parejas, grupos, comunidades, municipios, y el mundo.

Sí, hay benditas excepciones en donde no encontramos al perfil tóxico, pero si no es tu caso, la solución es más sencilla de lo que parece: ¡hazte a un lado, expulsa, quítate, quítala o quítalo de ese lugar! Abandona el ambiente tóxico, elimina a la gente tóxica de tu vida que ensucia tu ritmo, tu tiempo, tu tranquilidad y tus resultados.

No florezcas en un ambiente tóxico y si, en algún caso has sido tan sincera o sincero e identificas que el tóxico eres tú, entonces esa es otra historia, otra enfermedad que también se controla. La tarea se hace hoy, ahora, sin remordimiento, sin protocolo, ya: a la chingada lo tóxico.

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