Este 2 de noviembre se conmemoran 95 años del inicio de la historia cooperativista de La
Cruz Azul, una fecha profundamente ligada a la memoria de Tula y al esfuerzo de
generaciones de trabajadores que encontraron en la unión una manera de defender su
sustento y construir comunidad.
Una historia que comienza en Jasso
Sus raíces industriales se remontan a 1881, cuando el empresario británico Henry Gibbon
instaló una fábrica de cal hidráulica en la antigua Hacienda de Jasso, Hidalgo. Aquel
establecimiento fue el antecedente de la cementera que, décadas después, quedaría en
manos de sus trabajadores. Por eso, este aniversario recuerda el nacimiento de su etapa
cooperativista, mientras que sus orígenes fabriles se acercan al siglo y medio.
192 trabajadores defendieron su futuro
De acuerdo con la reseña histórica del Instituto Nacional de la Economía Social, en 1931
La Tolteca adquirió las acciones de Cruz Azul con la intención de eliminarla como
competidora. Frente a la amenaza de perder sus empleos, los trabajadores se organizaron
para mantener abierta la fábrica.
La intervención del gobierno de Hidalgo y la expropiación permitieron ponerla en manos
de 192 socios fundadores el 2 de noviembre de 1931. Su constitución formal como
cooperativa quedó registrada en enero de 1934.
Los trabajadores asumieron el compromiso de pagar la fábrica en diez años, con intereses.
Lograron liquidarla en nueve: un capítulo que permite dimensionar el esfuerzo económico
que acompañó la defensa de su fuente de trabajo.
Una fábrica alrededor de la cual creció una comunidad
El proyecto también impulsó servicios de educación, salud, vivienda y comercio para las
familias. Ese desarrollo contribuyó a transformar la antigua localidad de Jasso en la hoy
conocida Ciudad Cooperativa Cruz Azul.
El deporte y los espacios de convivencia formaron parte de esa vida comunitaria. La
atención a las necesidades de los trabajadores y sus familias dio lugar a iniciativas que, con
el tiempo, se organizaron en cooperativas, empresas e instituciones educativas, médicas,
sociales y culturales.
Desde una mirada cultural, recordar esta historia significa reconocer que la identidad de una
comunidad también se construye en sus lugares de trabajo, en las experiencias compartidas
y en los relatos que pasan de una generación a otra. En Tula, la memoria de Cruz Azul está
vinculada con las familias que han hecho de esta actividad parte de su vida.
Conmemorar sus 95 años invita a volver la mirada hacia los trabajadores fundadores y
hacia quienes continuaron su labor. También ofrece una oportunidad para que las nuevas
generaciones conozcan el origen de una institución que forma parte de la historia social e
industrial de Hidalgo.
Recordar a Cruz Azul es honrar la memoria de sus trabajadores, el esfuerzo de sus
familias y el legado cooperativista que ayudó a construir una comunidad.














