Para quienes visitan la región y también para quienes viven aquí, conocer la Zona Arqueológica de Tula es una oportunidad de reencontrarse con una de las ciudades más importantes del México antiguo.
Su nombre original fue Tollan-Xicocotitlan. Entre los siglos IX y XII se consolidó como una de las urbes más influyentes de Mesoamérica, con relaciones comerciales y políticas que se extendieron hacia el Bajío, la costa del Golfo, la península de Yucatán e incluso algunas regiones de Centroamérica.
Hacia el año 1000 de nuestra era, Tula vivió su momento de mayor esplendor. La antigua ciudad llegó a ocupar alrededor de 16 kilómetros cuadrados y contó con plazas, calzadas, templos, juegos de pelota, palacios y barrios organizados de acuerdo con fenómenos astronómicos y creencias religiosas.
Sus habitantes participaron en el intercambio de bienes valiosos, entre ellos la turquesa procedente del norte de Mesoamérica. Esto demuestra que Tula no fue una población aislada, sino un importante centro político, comercial y cultural.
En la parte superior de la Pirámide B se encuentran sus monumentos más conocidos: los Atlantes. Estas grandes esculturas de piedra pertenecen a la fase Tollan, fechada entre los años 950 y 1200, y se han convertido en uno de los símbolos más representativos de Hidalgo.
Recorrer este sitio es mucho más que tomarse una fotografía frente a los Atlantes. Es caminar por los vestigios de una antigua metrópoli y descubrir la profunda huella que la cultura tolteca dejó en Mesoamérica.
Si eres turista, Tula te espera con siglos de historia. Y si eres habitante de la región y todavía no conoces este tesoro, quizá sea momento de mirar con nuevos ojos la grandeza que se encuentra tan cerca de casa.













