Después de décadas de contaminación, enfermedades, malos olores, mosquitos, aguas residuales y promesas que pocas veces se han traducido en soluciones de fondo, comienza a aparecer una pequeña luz para la región Tula.

Pequeña. Muy pequeña todavía.

Sería irresponsable decir que el problema está cerca de resolverse. Los resultados siguen siendo mínimos frente al enorme daño ambiental acumulado durante décadas. La presa Endhó, el río Tula y las comunidades que los rodean continúan cargando con las consecuencias de un modelo que durante demasiado tiempo permitió que esta región recibiera buena parte de la contaminación generada fuera de ella.

Pero algo comienza a cambiar: por lo menos existe una intención más clara de intervenir.

El saneamiento de la presa Endhó aparece ahora entre los proyectos prioritarios considerados dentro del Fondo de Capital Ambiental para México. La propuesta pretende conseguir recursos y participación empresarial para restaurar agua y suelo, además de encontrar alternativas para aprovechar el lirio acuático mediante composta, biogás, biofertilizantes y otros productos.

No es poca cosa que el problema esté finalmente sobre la mesa. Pero tampoco podemos confundir un proyecto con una solución.

La región Tula no necesita solamente anuncios, estudios o buenas intenciones. Necesita resultados que puedan medirse: menos contaminantes, menos lirio, menos mosquitos, agua y suelo en mejores condiciones y, sobre todo, comunidades que dejen de vivir permanentemente expuestas a un entorno deteriorado.

Porque detrás de las cifras existen personas.

Son familias que durante años han respirado, trabajado, sembrado y criado a sus hijos alrededor de uno de los problemas ambientales más graves de Hidalgo. Son comunidades cansadas de escuchar que algún día llegará una solución.

Por eso debemos reconocer cada avance, aunque sea pequeño, pero también exigir que no se pierda el rumbo.

Después de tantos años de oscuridad ambiental, comienza a verse una luz.

Todavía está lejos. Todavía es tenue. Todavía faltan recursos, proyectos ejecutados y resultados comprobables.

Pero para una población que ha sido golpeada durante décadas por la contaminación, que finalmente exista voluntad, atención y propuestas concretas representa algo que no debe desperdiciarse.

Que esta luz no termine siendo otra promesa. Que esta vez sea el principio del saneamiento que la región Tula lleva décadas esperando.