La proliferación del insecto ha alterado la vida diaria de comunidades ribereñas de Tula, Tepetitlán y Tezontepec de Aldama. Los habitantes reportan picaduras, irritación en la piel y restricciones para que niñas y niños jueguen al aire libre.

La presencia masiva del mosquito Culex en el entorno de la presa Endhó no se limita a una molestia ocasional. Para las familias cercanas, significa picaduras frecuentes, dificultad para permanecer al aire libre y preocupación por la salud de personas y animales. Entre quienes resienten la plaga están niñas y niños, que ven limitado el juego fuera de casa y, según testimonios de habitantes, presentan ronchas y escoriaciones por las picaduras.

Las hembras adultas de los mosquitos Culex pican a personas y animales. Sus larvas se desarrollan en el agua, por lo que los cuerpos de agua y las zonas con vegetación acuática pueden ofrecer condiciones propicias para su reproducción. Algunas especies de Culex pueden transmitir virus en regiones donde estos circulan, pero esto no significa que cada mosquito transmita una enfermedad ni que haya transmisión comprobada en la zona de Endhó.

Niñas y niños, entre los más afectados

Habitantes de comunidades aledañas a la presa reportan que entre las personas afectadas hay menores con ronchas, escoriaciones y otros padecimientos que atribuyen a las picaduras. La afectación también se nota en las actividades cotidianas: jugar en patios, permanecer en espacios públicos, desarrollar actividades de ganadería y agricultura; salir por la tarde es casi imposible cuando hay una alta presencia de mosquitos. Pobladores de comunidades ribereñas han denunciado la muerte de animales de traspatio y atribuyeron al mosquito la pérdida de ganado.

En noviembre de 2025, Semarnat informó que durante los primeros meses de ese año se realizaron ocho ciclos de control y nebulización en 29 localidades de Tula, Tepetitlán y Tezontepec de Aldama. La dependencia reportó tratamientos de control vectorial en 8 mil 275 hectáreas y la aplicación de más de 46 mil litros de larvicidas biológicos. También informó que el lirio acuático pasó de ocupar 986 hectáreas en enero a 548 hectáreas al 7 de octubre.

En mayo de 2026, Conagua informó que una primera jornada de fumigación atendió 200 hectáreas de la presa y 153 hectáreas en siete comunidades, con beneficio directo para 2 mil 617 viviendas y 7 mil 852 habitantes. Posteriormente, la Secretaría de Salud reportó intervenciones en 27 comunidades y una cobertura acumulada de 18 mil 47 hectáreas entre localidades y espejo de agua. Esta cifra corresponde a intervenciones acumuladas, no a una superficie única de ese tamaño.

Los monitoreos difundidos en julio de 2026 reportaron que la densidad promedio de larvas bajó de 180 a 95 por metro cuadrado, una reducción aproximada de 47 por ciento. En comunidades ribereñas, el promedio de mosquitos adultos por trampa pasó de 143 a 76, cerca de 47 por ciento menos. Los resultados describen los puntos y periodos medidos: no prueban que el problema esté resuelto en todas las localidades o durante todo el año, sin embargo, reportes ciudadanos, en contraste, consideran que la presencia de los moscos ha incrementado.

Una señal de alerta ambiental y sanitaria

El Culex es el daño inmediato que las familias perciben en sus casas y comunidades, pero combatirlo únicamente con fumigaciones no elimina las condiciones que favorecen su reproducción. El lirio, las zonas de agua contaminada y el deterioro del entorno forman parte del problema que las autoridades buscan atender mediante control larvario, limpieza y restauración ambiental.

La región necesita monitoreo constante, atención a las molestias de salud y verificación veterinaria de las pérdidas denunciadas. También requiere que se escuche a las familias con niñas y niños, cuya vida cotidiana incluye algo tan básico como poder jugar afuera sin que la presencia de mosquitos lo impida.