Visitar la Zona Arqueológica de Tula es encontrarse frente a una de las ciudades más importantes del México antiguo. Sus monumentales Atlantes, conocidos en todo el mundo, son apenas una parte del legado que dejó la cultura tolteca en Hidalgo.
La antigua metrópoli llegó a extenderse por casi 16 kilómetros cuadrados y estuvo habitada durante más de cuatro siglos. Hacia el año 1000 fue la gran capital del Altiplano Central y ejerció influencia en regiones tan lejanas como la Península de Yucatán, el Golfo de México, el Bajío y el Soconusco.
El recorrido permite descubrir la Pirámide B o Templo de Tlahuizcalpantecuhtli, donde se encuentran los Atlantes; el Palacio Quemado, el Coatepantli o Muro de Serpientes, los juegos de pelota, el Tzompantli y la Plaza Central. Cada espacio revela cómo vivían, gobernaban, comerciaban y realizaban sus ceremonias los antiguos toltecas.

Los Atlantes representan guerreros con lanzadardos, flechas, cuchillos y grandes pectorales en forma de mariposa. Se cree que originalmente funcionaban como columnas para sostener el techo de un templo dedicado a Quetzalcóatl.
Para quienes llegan de otras ciudades, Tula representa una oportunidad de conocer una de las grandes capitales de Mesoamérica. Para quienes viven en el municipio y sus alrededores, también es una invitación a mirar con nuevos ojos un patrimonio que permanece muy cerca, pero cuya historia todavía guarda secretos capaces de sorprender.
La zona arqueológica abre de lunes a domingo, de 9:00 a 18:00 horas, con último acceso a las 16:30. La entrada cuesta 105 pesos para visitantes nacionales y 210 pesos para extranjeros. Cuenta con estacionamiento, sanitarios, módulo de información, accesibilidad y visitas guiadas. No se permite ingresar con alimentos o mascotas, fumar ni utilizar flash.

Se localiza en la carretera Tula–Tlahuelilpan, kilómetro 2, en la colonia 16 de Enero Segunda Ampliación, mejor conocida como El Tesoro, en Tula de Allende.
Si eres turista, Tula merece estar en tu próxima ruta. Y si eres de aquí y nunca has subido a contemplar de cerca a sus gigantes de piedra, quizá sea momento de redescubrir la historia que tienes en casa.













