No es necesario viajar demasiado para encontrarse con una de las ciudades más importantes del México antiguo. En Tula de Allende se conserva la antigua Tollan-Xicocotitlan, capital de la cultura tolteca y hogar de los imponentes Atlantes.

La historia de esta metrópoli comenzó alrededor del siglo VII en el asentamiento conocido como Tula Chico. Siglos después surgió Tula Grande, una ciudad cuidadosamente planeada que llegó a contar con plazas, templos, palacios, juegos de pelota, barrios habitacionales y espacios destinados al comercio y las ceremonias. En su época de mayor esplendor alcanzó una extensión cercana a los 16 kilómetros cuadrados.

El punto más famoso del recorrido es la Pirámide B, coronada por los cuatro Atlantes. Estas enormes esculturas representan guerreros toltecas equipados con lanzadardos, flechas, cuchillos y pectorales con forma de mariposa. Se considera que originalmente sostenían el techo de un templo dedicado a Quetzalcóatl.

Pero los Atlantes son apenas una parte de todo lo que puede descubrirse. Durante la visita también es posible conocer el Palacio Quemado, los juegos de pelota, el Tzompantli y el Coatepantli o Muro de Serpientes, decorado con relieves que muestran la riqueza artística y religiosa de los toltecas.

El recorrido se complementa con el Museo de Sitio Jorge R. Acosta, donde se exhiben esculturas, vasijas, estelas, ofrendas y diferentes piezas arqueológicas. Sus salas explican de forma sencilla el nacimiento, desarrollo y decadencia de Tula, además de la relación que esta cultura mantuvo con otras regiones de Mesoamérica.

Visitar este lugar también representa una oportunidad para mirar a Tula con otros ojos. Para los turistas es una puerta hacia una de las civilizaciones más fascinantes del país; para quienes viven en el municipio y sus alrededores, es una invitación a redescubrir el enorme patrimonio histórico que tienen prácticamente en casa.

La Zona Arqueológica de Tula abre de lunes a domingo, de 9:00 a 18:00 horas, con último acceso a las 16:30 horas. Se recomienda acudir con ropa cómoda, calzado adecuado, gorra, protector solar y agua para disfrutar tranquilamente del recorrido. El sitio cuenta con estacionamiento, sanitarios, módulo de información, accesibilidad y servicio de visitas guiadas.

Conocer Tula es caminar entre guerreros de piedra, antiguos palacios y relatos donde la historia se mezcla con la leyenda. Es comprobar que, muchos siglos después, el legado de los toltecas continúa vivo y esperando ser descubierto.