La posibilidad de convertir a la región de Tula —históricamente señalada como la más
contaminada de México— en un modelo nacional de limpieza y recuperación ambiental ha
generado sorpresa y expectativa. No es una meta menor: implica revertir décadas de rezago,
impactos industriales y afectaciones a la salud de miles de habitantes.
Esa visión, sin embargo, ha devuelto algo esencial: esperanza. Y esa esperanza se fortalece
con el trabajo conjunto entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el gobernador Julio
Menchaca, quienes han expresado un compromiso público para atender con seriedad la
deuda ambiental que por años ha cargado esta región.
La transformación de Tula demandará trabajo continuo, inversión estratégica y la
participación activa de especialistas, autoridades y ciudadanía. No hay soluciones
inmediatas; se requieren procesos transparentes, monitoreo científico y decisiones
sustentadas en evidencia.
El Origen sostiene que este es el momento de construir un cambio auténtico en la región. El
desafío es grande, pero también lo es la oportunidad de hacer justicia a una zona
históricamente afectada.

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