“Un hogar que enseña respeto, cría respeto.” Hidalgo cerró los primeros diez meses de 2025 con más de 5,700 carpetas de investigación por violencia familiar, manteniéndose como el delito más denunciado en la entidad. No son solo cifras: son hogares fracturados, niños marcados y mujeres que viven con miedo dentro del espacio que debería ser el más seguro.
Los datos muestran que la violencia familiar no es un hecho aislado, sino un patrón que se repite mes tras mes. Los estudios especializados revelan que este tipo de agresión suele tener raíces que empiezan en la infancia: ausencia de acompañamiento emocional, modelos violentos de crianza y entornos donde el diálogo nunca tuvo espacio. Cuando esos vacíos crecen, el delito encuentra terreno fértil.
Por eso es vital fortalecer familias sólidas, con valores claros y vínculos afectivos sanos. No se trata de discursos moralistas, sino de estrategias de prevención. Un hogar donde hay comunicación, límites y respeto es un hogar que reduce riesgos: menos violencia normalizada, menos impulsos descontrolados, menos futuros agresores o víctimas.
Las políticas públicas importan, sí, pero no sustituyen lo que ocurre dentro de cada casa. La seguridad empieza cuando niñas y niños aprenden a manejar la frustración, a resolver conflictos sin golpes y a reconocer el valor de quienes los rodean. Educación emocional, acompañamiento, presencia real: la prevención más efectiva no es la más costosa, sino la más constante.
“La paz comienza en familia.” Si queremos frenar la violencia y el delito en Hidalgo, debemos empezar por ahí: reconstruir hogares con valores sólidos y vínculos fuertes. Sin familias estables, ninguna estrategia de seguridad será suficiente.
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