Cómo el futbol nos podría salvar de la delincuencia

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Cómo el futbol nos podría salvar de la delincuencia

Tengo más de 25 años jugando futbol en los llanos de la región sur de Hidalgo. Conozco prácticamente todos los campos de la zona, los pueblos, las comunidades, las unidades deportivas.

Sé lo que significan los equipos locales para la gente: simbolizan pasión, identidad, y un buen pretexto para la unidad familiar, de amigos y vecinos; muchas veces en torno a un antojito mexicano y la tradicional caguama que se comparte hasta con el rival y el mismísimo árbitro.

 

Pero más allá del folclor que se vive en la tribuna, lo que me ha tocado ver en la cancha resulta muy especial, como seguramente lo es en otras regiones de México. He visto a un sinnúmero de futbolistas con enorme talento a quienes, sin dudas, les hubiera alcanzado -con un empujoncito extra- para llegar a la primera división.

Por otra parte, ha sido lamentable observar como las comunidades se han ido transformando, víctimas de los mejoralitos que a lo largo de los años las autoridades les han dado para calmar profundas y complejas enfermedades -entre otras razones-, mismas que hoy nos tienen a todos en jaque.

Con esas enfermedades me refiero específicamente a la inseguridad y el preocupante aumento de los índices de violencia que se viven, a cómo vecinos de pueblos cuya vocación en su momento fue agrícola o comercial, comenzaron a encontrar en la ilegalidad una forma de sobrevivir y luego de prosperar.

En otros espacios, de forma continua, he insistido (como lo seguiré haciendo) en que para ganar la batalla a la violencia y el delito, que casi de manera automática resultan atractivos para las nuevas generaciones ante la escasa o nula oferta de otro tipo de actividades productivas, se debe innovar y ofrecer alternativas inmediatas.

En otros foros he expuesto la necesidad de implementar programas sociales hechos a la medida de las comunidades afectadas, que atiendan de fondo los daños que la violencia genera todos los días en la sociedad y entonces pensar en escuelas de artes, espacios para el desarrollo de emprendedores e impulso a micro y pequeñas empresas; escuelas formadoras de atletas en diversas disciplinas.

Si bien el plan es ambicioso y la tarea resulta doble cuando se piensa en introducir deportes o artes que nunca antes los integrantes de la comunidad habían visto o al menos escuchado, sí debe formar parte del proyecto integral. Vamos por partes.

Para nadie es nuevo que el futbol, en Hidalgo, como en todo el país, es el deporte encargado de mover a las masas, a los corazones, a las pasiones. Es precisamente este deporte, popular y poco caro, una de las salidas mediante las cuales se pueden encauzar a los buenos por el camino de los buenos.

Se trata de abrir escuelas de futbol para niñas, niños, adolescentes, (prioritariamente en zonas de conflicto) con su respectiva liga regional y obligatoriamente vinculadas a una red de visorías realizadas por equipos profesionales. Éstas, a su vez, deberán ser gestionadas por autoridades e integrantes de la sociedad civil con anhelos de contribuir más en una lucha pensante y por la vía de la paz, que en el desgastado discurso que se basa en armas, policías y más armas.

El gran objetivo es contar con un semillero institucional, bien planeado, bien programado, bien financiado (sin dejar afuera la fundamental participación de las empresas como promotoras del deporte), que poco o nada tiene que ver con los esfuerzos aislados de las pequeñas escuelas públicas y privadas que, aunque existen y contribuyen, están alejadas de la cohesión y el programa integral que aquí se propone.

¿Dinero? El dinero de los presupuestos públicos alcanza sin problemas para abrir escuelas de futbol y las vías para allegarse de recursos por medio de la iniciativa privada se cuentan por miles. ¿Y si no alcanza? Entonces a apretarse el cinturón y evitar gastos innecesarios en celebraciones, excesos, corrupción y llevar a Julión Álvarez a la feria del pueblo. Lo que en realidad  a veces no alcanza es la voluntad y la visión.

En el plan general se debe incluir en una primera fase el aprovechamiento y mejoras a los espacios deportivos que ya existen en las comunidades y que en muchos casos son subutilizados, para posteriormente pensar en el desarrollo de nuevas instalaciones deportivas que son prioridad en la región.

Hay talento de sobra, pero ha faltado visión en las dependencias que por resolver lo básico, lo inmediato, dejan de generar grandes proyectos transformadores. En la medida que esta idea avance: ganan los clubes descubriendo futbolistas de excelencia y en su momento negociando con ellos, restamos posibilidades de que menores de edad se adhieran a las filas de las bandas de delincuentes, mejoramos la calidad de vida de las familias y, de no llegar al profesionalismo, habremos generado, al menos, una nueva generación de personas alejadas de la delincuencias, con una mejor calidad de vida y, entonces sí, ganamos todos.

 

Más de un integrante del equipo rival, que se ha dedicado a dar patadas durante todo el partido, le ha sentenciado. Pretenden aflojarlo en la siguiente jugada. Él juega de primera intención y evita el choque.

 

 

 

 

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