Tula podría convertirse en el infierno si no actuamos a tiempo

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Voy a plantear algunas ideas arriesgadas, con respecto a cambios que en lo social he venido observando en la ciudad de Tula de Allende. Se trata de cambios que se generan en la convivencia como consecuencia de decisiones y hechos del pasado y el presente que nos han marcado como comunidad y que a la vez se convierten en causas de lo que podría venir en el futuro inmediato para este lugar al que amamos.

Sí, es una percepción subjetiva y abierta al debate; justo por eso se la comparto a fin de reflexionar y actuar en lo que nos corresponde. Apunta a la mejora de aspectos que podrían darle nuevo rostro y, por tanto, sentido a una región que aparece en espacios noticiosos nacionales mostrando no precisamente los aspectos más positivos que anhelaríamos presumir como habitantes.

No se trata de ser fatalistas, sino de ser objetivos y propositivos a la vez, por eso empecemos puntualizando que pese a los hechos delictivos que crecen en número y dimensión en la zona, todavía podemos considerar a nuestra ciudad como un sitio donde podemos llevar a nuestros hijos a la escuela caminando sin complicación alguna, dar un paseo con tu pareja y trotar por las calles a manera de entrenamiento o desestrés. Estamos a tiempo de que no se nos vaya la tranquilidad de las manos.

A la percepción personal de quien esto escribe -y quien ha convivido más de 30 años en este ambiente con escenarios, personas y grupos de la ciudad- se le han encendido focos preventivos tras detectar que a nuestra creciente ciudad se le va de a poco el añorable tinte provinciano de personas que saludan y amablemente sonríen. Salga en este momento a la calle y cuente cuantas personas le saludan, le sonríen, le ceden el paso en el coche o le permiten cruzar la calle.

¿Encontró una, dos o más? Entonces cuidémosles porque se trata de joyas de las que se nos van extinguiendo. Por el contrario, podemos observar más casos de personas que están con cara de pocos amigos, a la defensiva, y esto lo puede comprobar cuando la gente se sube a sus autos, mirando para los cuatro puntos cardinales previo al abordaje y estando a la expectativa de que no le hagan daño a su persona y a su propiedad.

Esto mismo sucede cuando se llega a casa, o se aborda el transporte público, tomando en cuenta los innumerables ataques y robos que nos han reportado vecinos y seres queridos. ¿Paranoia? No, solo prevención y una cultura que hemos aprendido, entre otras cosas, por desagradables casos cercanos y, por qué no, gracias a la vecindad que tenemos con la ciudad de México y grandes urbes del estado de México, en donde estas prácticas son cosa de todos los días y efectivas en materia de prevención.

Grupos delictivos

Las personas que delinquen por su cuenta sin pertenecer a alguna organización, digamos formal, así como los grupos delictivos locales y foráneos que operan en la región, son más numerosos, profesionales, y fuertes; han sembrado miedo en la población, contribuido a que la gente esté a la defensiva y, por tanto, el ambiente se vaya transformando aunque no se desee.

Ya no vivimos en el querido pueblo de provincia donde todos nos conocíamos y saludábamos; el crecimiento ha generado un cambio radical en la convivencia donde no se va apuntando al ambiente que se vive en una ciudad pintoresca y turística que ha ido creciendo gracias al flujo de visitantes, sino más bien nos vamos pareciendo a esas grandes ciudades del estado de México en donde se crece con desorden y en medio del miedo por las vulnerabilidades asociadas a la inseguridad.

Ciudad Cooperativa Cruz Azul fue símbolo de cultura y tranquilidad y hoy es un foco rojo donde se podría volver a desatar la violencia con la participación de grupos armados, en la parte norte Santa Ana Ahuehuepan y pueblos vecinos continúan representando zona de riesgo debido a las actividades de trasiego de hidrocarburo que da a concocer la autoridad, misma situación que se presenta en Bomintzhá y Santa María Ilucán, según reportes oficiales.

A lo anterior se agregan recientemente fraccionamientos y colonias de El Carmen, sin dejar de mencionar lugares como San José, Barrio Alto, El Tesoro y La Malinche, focos rojos históricamente con altos índices de actos delictivos en general. ¿Cómo no se habría de transformar la convivencia y la correlación entre vecinos y visitantes si estamos intentando vivir en medio de un clima hostil como este que no es reciente y tiene al menos  15 años con preocupante ascenso?

No solo la presencia diaria de la delincuencia afecta esta convivencia, sino la falta de herramientas que contribuyan a mejorar la educación académica de nuestros habitantes, la apertura a atractivas ofertas culturales, la alta exposición a música y audiovisuales que hacen apología al crimen, y aunque se dice poco: la confrontación política y de grupos que se vive a flor de piel en esta tierra, en muchos casos comenzando con la división o lucha entre integrantes de la familia.

Identificar las causas y actuar

Ya identificadas algunas causas, sin dejar de mencionar los resultados de las corporaciones policiacas que se encuentran a la vista y que usted padece, tratemos de actuar con sentido, apuntando desde lo individual hacia un cambio positivo que comience con mejorar la relación con nuestros vecinos, amigos y familiares; siempre es un extraordinario pretexto el generar acciones para mejorar en lo colectivo. Vamos buscando alternativas que promuevan las artes en todos los escenarios y todos los tiempos.

Pidamos a los grupos de poder un alto definitivo al fuego de sus palabras y actos que no solo hieren a sus adversarios políticos sino a la sociedad indefensa que se queda en medio de un tiroteo del que nadie la defiende.

Estamos a tiempo de salvar a esta tierra que nos ha dado tanto y la que podría convertirse en el infierno si no le damos la atención que se merece a partir de este instante. No hay tiempo que perder, actuemos en lo individual y en lo colectivo, en lo público y lo privado, con voluntad y coordinación. Esta crisis en el mediano plazo podría ser más dañina que la inundación o la pandemia que tanto nos han afectado.

La coordinación de grupos con voluntad para tratar de revertir la situación aparece en el primero de los tres escenarios. El segundo presume un estira y afloja entre grupos de poder (visibles e invisibles) que mantengan el sabor agridulce que ha prevalecido en los más recientes años.

Y el tercer escenario, que es latente y existe -sobre todo soportado en antecedentes de otras ciudades en donde no se actuó cuando aún se podía- se refiere al proceso en el que una ciudad histórica que anheló la paz y la prosperidad económica se transformó en una sucursal del infierno en donde el crimen terminó por apoderarse de todo, incluida la tranquilidad de las y los habitantes.

El clima social ha cambiado de manera radical, la unidad entre personas y grupos no es un común en estos días pero debería, la confianza de los habitantes en las autoridades y su respuesta frente al fenómeno cae de a poco. Pese al escenario adverso, estamos a tiempo de salvar a nuestra ciudad pero requerimos voluntad y trabajo que anteponga los intereses de Tula a los de individuos o pequeños grupos.

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