HOSPITAL REGIONAL TULA: ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE

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“¡No somos asesinos!”

Este 2020 se cumplen catorce años del inicio de operaciones del Hospital Regional Tula Tepeji.

Como pocas, esta obra gubernamental se ha convertido en casi una década y media en un verdadero símbolo de La Ciudad de Los Atlantes, porque refleja la mayoría de los rasgos de la personalidad colectiva al sur del estado de Hidalgo.

Las constantes quejas, inconformidades, denuncias, críticas y señalamientos, amplificados y difundidos en las redes sociales quisieran -sin conseguirlo- opacar las muchas fortalezas que tiene la institución, la principal de ellas es el equipo médico y de enfermería.

Los profesionales de la medicina más destacados de la zona, en todas las especialidades, se concentran día a día en el nosocomio para cumplir una sola misión: recuperar la salud de los pacientes y salvar vidas.

Diversos testimonios destacan, por ejemplo, la alta calidad en el servicio de neonatología, que no existe en ningún otro hospital, ni púbico ni privado, de la región.

Junto a eso, es un secreto a voces que el hospital es también el mayor centro de acopio de pacientes para las clínicas y consultorios privados de varios médicos especialistas, en jugosos negocios redondos.

Solo que hoy están literalmente en peligro las propias vidas de médicos y enfermeras.

La inercia de poner en el país y consecuentemente en Hidalgo a unas personas contra otras como si fueran enemigos, aun cuando comparten espacios, tiempos y tareas, ha abierto en ese hospital dos frentes de guerra.

En uno, hacia el interior, se libran sordas batallas diarias en las que el personal debe soportar el férreo control que ejerce la titular administrativa Nora Campos Cruz prácticamente sobre todos los sectores, incluida la dirección del hospital.

La organización sindical que encabeza en ese centro de trabajo el médico Mario Francisco Guzmán Badillo ha conseguido mediar algunos de los conflictos, pero muchos de ellos escapan a los límites de la negociación. De ese tamaño es el poder.

En el otro frente, una parte de la población beneficiaria del hospital se ha asumido enemiga frontal del personal hospitalario en general, igual del sector médico que del administrativo u operativo.

Sea porque los familiares deben pasar largas jornadas a la intemperie en las inmediaciones de la instalación, porque les traten con prepotencia o despotismo, porque no reciban atención inmediata en la forma que lo desean, o porque no hay equipo ni medicamento.

Víctimas de la desinformación, principalmente, han pasado de los reclamos subidos de tono a los gritos, de las acusaciones directas se ha pasado a las agresiones verbales, a las agresiones físicas y a las amenazas de muerte.

De todo hay evidencias grabadas y compartidas en las redes sociales.

Los dos casos más impactantes han ocurrido en este trágico mayo de 2020, justo en el aniversario catorce de la fundación del hospital.

El primero de ellos, el lunes 4, cuando un paciente masculino originario de Mixquiahuala se suicidó saltando desde el tercer nivel del edificio del centro oncológico adjunto al hospital, en donde se ha dispuesto el confinamiento de los pacientes diagnosticados con COVID-19.

El segundo, el domingo 17, cuando un paciente masculino originario de Tezontepec de Aldama saltó por la ventana de la sala al vacío con la intención de quitarse la vida, después de agredir a un médico, sobrevivió y su familia lo sustrajo del hospital.

La semana inicia con un dispositivo de seguridad con participación de la policía estatal y de la Guardia Nacional que rodea al hospital regional de Tula-Tepeji, el segundo más importante del estado de Hidalgo en su especie, con el propósito de inhibir ataques contra médicos y enfermeras.

El personal del hospital ha salido a la calle a exigir que se les den garantías para el desempeño de su trabajo: “¡No somos asesinos!”

Como medida preventiva, algunas áreas del nosocomio no operaron hasta nuevo aviso, pero entre el personal prevalece la inquietud de insistir en que se destituya a la encargada de la dirección, Ana Laura Reséndiz Laguna y a la poderosa administradora de ese hospital cuya meteórica y ascendente carrera ha hecho crecer también su patrimonio personal.

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