EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

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Por Efraín Ríos

La referencia a la obra del maestro Gabriel García Márquez es una tentación difícil de evadir para hablar del amor en estos tiempos de pandemia.

Y es que la lucha con el envejecimiento y sus avatares, el miedo a la muerte; la enfermedad y sus síntomas; y el amor como hilo conductor que lo une todo. Son temas vigentes, quizá hoy más que nunca.

La generación más próxima a la tercera edad, aquellos que nos encontramos de 40 a 60 años, de pronto, nos encontramos con una generación de jóvenes que nos “señoriza” y al hacerlo nos señala como miembros de la decadencia. 

Miles sentimos que nos quebraban el “cora” cuando señalaron que ya tocaba la vacunación a “los viejitos”, señalando nuestro rango de edad en las convocatorias.

Sin embargo, nosotros, miembros de la “chavorruquez”, nos enamoramos y amamos y echamos pasión, también.  Quizá no con la frecuencia y energía de los “jovencitos”, pero si con la misma esperanza y entrega. 

Es en estos tiempos aciagos, cuando el amor como siempre intenta salvarnos de la vida (Neruda dixit).

Dos años de pandemia en que pudimos vivir y convivir con nuestras elecciones. Ya sea en matrimonio, unión libre o la denominación preferida, tuvimos tiempo suficiente para conocer en verdad a la pareja, la familia y los seres queridos y cercanos.

O para distanciarnos de ellos.  Después de dos años, hay quien vive más seguro que nunca del “juntos para siempre” y también los que no soportaron la convivencia diaria y tomaron la decisión de separarse, misma que habían aplazado por mucho tiempo.

Y es que no es lo mismo llegar a dormir, que estar juntos todo el día y toda la noche.

Las madres aprendieron a soportar, a cuidar y a amar a sus hijos sin la escuela de por medio.

Los maridos tuvieron que descansar en el seno del hogar sin la distracción de la calle y la oficina.

En fin, la pandemia dio nuevas dimensiones al amor, dimensiones que ya no se conocían o se tenían en el olvido.

Por otro lado, el egoísmo de la raza humana ha salido a relucir más que nunca. Desde los antivacunas hasta los irresponsables que encontraron en la rebelión a los cuidados de salud su forma de manifestarse y rebelarse. 

Salir sin cubrebocas, no lavarse las manos, reuniones multitudinarias, no vacunarse, todas, señales del más absurdo de los pensamientos hedonistas y retrógradas. 

¿Realmente existe el amor por la humanidad? o ¿El amor es un sentimiento reservado únicamente para los propios, para los cercanos?

Cabe aclarar que estos hechos no son producto de la pandemia; sino, más bien, la pandemia vino a confirmarlos.

El macho que trata mal a las mujeres, pero protege a su madrecita y sus hermanas, es una muestra de este amor “selectivo” más parecido a la territorialidad animal que al amor mismo.

La pandemia vino a frenar la tendencia hacia lo inmediato, lo “express”. 

La comunicación que han hecho posible el internet y los satélites, aunado a los avances en todos los campos de la tecnología, han hecho posibles hazañas como la videollamada, los “twitts” en tiempo real, las palomitas de dos minutos, la carga rápida e inalámbrica de las baterías y hasta el pozole en media hora. 

¿Son las relaciones amorosas inmediatas posibles?

Hasta antes de la pandemia, lo eran. Lo cual no necesariamente indica que eran de calidad. Pero hasta hoy es posible que una pareja de un chat salte a la cama así, sin mayores trámites, requisitos, preludios, ni romance.

De la cama, se convierte en relación y de la relación a la separación. Todo en menos de medio año; bueno, estoy exagerando, en dos meses, en semanas.

La pandemia vino a frenar un poco esta dinámica del amor y las relaciones de pareja inmediatas.

Nos comenzamos a extrañar, hubo tiempo de por medio entre el chat y el encuentro.  Incluso apareció el miedo al contagio de COVID aún más fuerte que el miedo a las enfermedades venéreas y al embarazo.

Esto nos devuelve la fe en el amor de pareja y en que los niños y jóvenes, puedan recuperar el tiempo para el romance, la conquista, el enamoramiento y el amor.

Al parecer, la fórmula del gran Gabo, sigue teniendo vigencia.

El amor nos hace acalorarnos (fiebre), nos da dificultad para respirar y nos da dolores de cabeza, no importa si es cólera o COVID.

El amor como el COVID nos acerca y a la vez nos separa. Hay amores que matan y otros que duran por toda la vida (como el COVID).

El COVID nos ha dado una oportunidad a los “viejitos” de 40 y más, para amar y ser amados. Para conocernos y reconocernos.  

Ahora sabemos que no es tan fácil y que el amor no se trata sólo de lo que nos contaron en las novelas y en las películas. 

Poco tiene de real el enamoramiento romántico dibujado en los dramas, con el drama del amor en la vida real.

El amor real tiene que ver con enfermedad, con vómitos, flemas, diarrea, enojos, aliento fétido, gritos, desesperación, ropa sucia, problemas económicos, familias desesperantes y autos que se descomponen.

Y sobre eso, el amor triunfa como el rey de los sentimientos, o como diría Pablo a los corintios: “tenemos la fe, la esperanza y el amor, pero el mayor de ellos es el amor”.

La generación con la más alta tasa de divorcios en la historia de la humanidad, tiene hoy la posibilidad de encontrarse y dejar de lado el amor romántico, para aceptar el amor verdadero. Con suerte se lo enseñamos a nuestros hijos.

Ese que se forja al estar viviendo y conviviendo las 24 horas con el ser amado y aun así – a pesar de eso-, decidir amarlo y seguir a su lado “hasta que la muerte nos separe”. Quizá, una vez que aprendamos a amarnos en la intimidad, el amor universal, ese que se da a la humanidad, a los animales, al planeta y al universo entero, sea posible.

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